No es fácil ser Cristiano Católico.
Puedes decir que lo eres, pero y la
responsabilidad que eso implica?
Tal vez algunos lo dicen sólo porque su
familia es así y no quieren ser “la oveja negra de la familia.
A algunos les da igual ser la oveja negra
de la familia. Simplemente le restan o les da igual lo que puedan pensar de
ellos.
Ser Cristiano Católico, es todo un deber,
hay toda una responsabilidad en serlo.
Significa responder a Dios cada llamado,
hacer su voluntad en lugar de la nuestra, confiar en Dios más que en nosotros
mismos.
El deber de todo Cristiano es ser ejemplo
de Dios en persona.
Pero muchos prefieren lo mundano a lo
espiritual, rechazan una hora de Comunión con su Padre Creador por horas de
cervezas con amigos y hablar de mujeres.
Y así dejan de lado el propósito que tiene
Dios para nosotros.
Recordemos que fuimos creados con un
propósito; en el comienzo fue de acompañar a nuestro Dios Creador en su Gloria
de la Creación, pero como todos sabemos, fuimos tentados pecar, y Dios como
buen Padre que es, nos desterró para así hacernos entender que el pecado no
está permitido en su Reino.
Así que Dios nos dio un nuevo propósito en
la vida que decidimos.
“El fin
de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda
sus mandamientos; porque esto
es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda
Salomón
dice que el todo de la vida es honrar a Dios con nuestros pensamientos
y vidas,
guardando Sus mandamientos, porque un día compareceremos ante Él para
entregarle
cuentas.
Jesucristo lo simplificó para nosotros; "Ama a tu Dios con
todas tus fuerzas, con
todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu mente" y
"Ama a tu
prójimo como a ti mismo"
Y antes de subir a los Cielos, Jesús
encomendó a sus discípulos una tarea; "Prediquen
a todas las naciones mi Palabra, hagan del conocimiento a todas
las naciones de
que Dios está vivo! y pronto volveré!"
Y por
si no quedó claro cuál es nuestro Deber Cristiano, aquí un artículo:
Deberes cristianos
12 Así
que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros
cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto
racional.
2 No os
conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de
vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta.
3 Digo,
pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no
tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con
cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.
4 Porque
de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los
miembros tienen la misma función,
5 así
nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos
de los otros.
6 De
manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada,si el de
profecía, úsese conforme a la medida de la fe;
7 o si
de servicio, en servir; o el que enseña, en la enseñanza;
8 el
que exhorta, en la exhortación; el que reparte, con liberalidad; el que
preside, con solicitud; el que hace misericordia, con alegría.
9 El
amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.
10 Amaos
los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los
unos a los otros.
11 En lo
que requiere diligencia, no perezosos; fervientes en espíritu, sirviendo al
Señor;
12 gozosos
en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;
13 compartiendo
para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
14 Bendecid
a los que os persiguen; bendecid, y no maldigáis.
15 Gozaos
con los que se gozan; llorad con los que lloran.
16 Unánimes
entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios
en vuestra propia opinión.
17 No
paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.
18 Si es
posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.
19 No os
venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios;
porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
20 Así
que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de
beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
21 No
seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.